¿Sabes que tu voz es única?

 

Cuando realizamos una intervención en público deseamos que sea diferente, original, creativa, especial. Aparte de la importancia crucial del contenido, estudiamos también el tamaño y la forma del escenario, el diseño de las diapositivas, el tipo de pantalla, la música que aparece en el momento oportuno… Estos recursos son imprescindibles para una performance de calidad. Aportan la seriedad y profesionalidad necesarias para dar el valor que tu producto o servicio merecen.

 

Pero ¿con qué recursos personales cuentas? ¿Sabes que la voz es un valor añadido que aporta personalidad a tu intervención?

 

La voz puede ser un recurso que te diferencie del resto si te atreves a prestarle atención y a usarla con valentía.

 

Cuando me refiero a prestar atención quiero decir a saber escucharla sin infravalorarla. Es una queja común entre mis clientes decir que perciben su voz como ‘fea’, endeble’, ‘chillona’, ‘floja’, ‘normal’, ‘sosa’…. ¿Cómo podemos sentirnos seguros en una charla con público si pensamos que sonamos ‘feos’ o ‘endebles’?

 

El timbre de cada ser humano es único; resultado del complejo mental, emocional y fisiológico de cada persona. La voz es el sonido que reúne toda nuestra peculiaridad. ¿Qué pasaría si en lugar considerarla un hándicap en las presentaciones la percibiéramos como un valor añadido?

 

Habla con alguien de confianza y pídele que adjetive tu voz. Cálida, aterciopelada, estridente, vergonzosa, dominante, discreta, roja, suave, áspera, peluda, misteriosa… ¿En qué momentos suena opaca? ¿Cuándo almibarada? ¿Es siempre igual? Dejad volar la imaginación. Dadle una nueva dimensión.

 

En el 90% de los casos lo que hace que tu presentación, reunión, charla o conferencia sea aburrida, no es tu voz, ni tu timbre. Es la falta de implicación, de foco o de preparación. O las tres a la vez.

 

Para empezar a mimar tu voz practica tu presentación y léela como si estuvieras dirigiéndote a distintos tipos de público. Canta tu texto, báilalo. Despójalo de sentido; léelo con distintos estados emocionales. Grítalo y susúrralo. Y cuando ya no sepas cuál es la versión correcta, entonces dilo. Cómo si te gustara lo que dices. Sin más pretensión que esa; decir una verdad desnuda. Seguro que tu voz brilla.

 


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