Hazte amigo del suelo. No muerde.

 

Hoy os propongo que hablemos de la estabilidad como forma de ganar seguridad en el escenario y de continuar con el desarrollo de las habilidades comunicativas.

 

Una de las cosas que más desmerecen nuestra comunicación en público -ya sea sentados o de pie- es el movimiento innecesario.  No es lo mismo moverse con una intención clara que movernos porque los nervios nos han poseído. Cuando nos movemos sin propósito y empezamos a deambular por la sala sin rumbo, de un lado a otro, como un pollo sin cabeza, estamos dando una imagen de poca preparación y de inseguridad.

 

Para transmitir seguridad, confianza, credibilidad y honestidad -algunas de las cualidades más valoradas por el público-, necesitamos estabilidad física para conseguir gestionar con eficacia las emociones en escena.

 

Una de las formas más sencillas y antiguas de trabajar la estabilidad es enraizándonos, echar raíces literalmente. Pisar el suelo con firmeza, notando la planta de los pies.

 

Los beneficios de realizar este simple gesto repercuten de forma positiva en tu imagen profesional.

 

En primer lugar, al pisar con los dos pies estamos favoreciendo la expresividad en el tronco y brazos.

Cuanto más estable esté mi pelvis y pueda repartir mejor el peso entre las dos piernas más libertad conseguiré en tronco y extremidades. Es decir, la estabilidad en la parte inferior – el triángulo pelvis, piernas- nos da expresividad en la parte superior.

Y además estamos matando dos pájaros de un tiro. ¡Sí! De esta forma estamos favoreciendo la gesticulación natural de las manos. ¿Ya no tendré que sufrir tanto por ‘¿Qué hago con las manos mientras hablo?, puesto que es muy probable que de forma natural se muevan para concretar, definir y valorar tu mensaje.

 

¿Cómo podemos practicar?

. Antes de una presentación o reunión es útil dedicar unos minutos a prepararnos físicamente para favorecer la concentración.

Os propongo que os descalcéis y caminéis un minuto de puntillas, otro minuto con los talones y un minuto con la parte interna de los pies -sí, esta duele mucho. Ánimo, en peores plazas hemos toreado-. Después colocaos con los dos pies en el suelo, en la postura habitual, intentando que sea lo más alineada posible. Sentid como la planta de los pies se ensancha y nos da la impresión de que la base de los pies son un soporte seguro sobre el que estar.

 

Para aquellas personas que funcionan mejor con visualizaciones les propongo que imaginen que son una toma de tierra y que bajo sus pies salen hacia el interior de la tierra miles de cables que se esparcen. O que son un árbol y directamente echan raíces.

 

Para los que están pensando ‘sí, pero ¿me voy a quedar quieto todo el rato? La respuesta es no. Claro que no. Con estos ejercicios estamos favoreciendo que tus movimientos respondan a un objetivo y sean coherentes con tu mensaje. Y que te sientas seguro/a y cómodo/a.

Cuando notes que estás estable empieza tu discurso y permite que tus brazos empiecen a moverse cuando lo necesiten. No te agobies, lo harán de forma natural. Ten paciencia y siempre busca el soporte del suelo. No muerde, está para ayudarte.


Si quieres saber más sobre cómo sentirte seguro hablando en público ponte en contacto con LAVEULAVOZ: Comunicar para transformar. Feliz semana.